Dic 17 2011

Ana María Pastore

Palabras del Director en el cierre del ciclo lectivo 2011

Posted at 16:34 under General

Finaliza otro curso escolar, tiempo de enseñanza y aprendizaje, de trabajo, dando paso a un tiempo de descanso y recreación.

Esta secuencia de esfuerzo y trabajo seguida de reposo y diversión para retornar luego nuevamente a la labor se repite cada año, cada semana y cada día en la vida humana.

En la cultura social actual no se distinguen tan claramente estos distintos momentos, mezclándose el juego y la tarea, el descanso y el trabajo, el estudio y la recreación. Es casi como si continuamente “jugáramos” a vivir.

 

Décadas atrás, nuestras vidas transitaban un camino lineal: unos años para ser hijos en el entorno familiar; luego un tiempo para ser alumnos de primaria; con suerte, luego de secundaria y para algunos de nivel superior. Cuando terminaba el momento del estudio, pasábamos a trabajar: ser empleados, obreros o profesionales. Una vez asentados en el trabajo, ser padres, formar una familia. Finalmente la jubilación, el término de la vida laboral y la ancianidad.

En la actualidad, no vivimos esta secuencia lineal: los estudios se prolongan y se superponen con el trabajo y la paternidad; la interrupción de la vida laboral puede ocurrir a cualquier edad o podemos continuar trabajando toda la vida.

Los roles son simultáneos, los tiempos son veloces y las distancias no existen…

Sin embargo, los seres humanos seguimos atados a nuestra corporeidad, a los ritmos cronológicos propios de nuestra condición animal, que se imprimen sobre la inmediatez y globalización de las vivencias de la era actual.

 

En este contexto social, la escuela continúa siendo un espacio y un tiempo que transitamos alumnos, docentes y familias. Un lugar de encuentro y comunicación en múltiples momentos.

Durante el año escolar transitamos juntos usa multitud de momentos, que son al mismo tiempo: ordenados y espontáneos, pero por sobre todo, fecundos más allá de su valoración curricular y numérica. Momentos que nos enriquecieron por la proximidad, por la donación de unos a otros.

Porque tal como nos dice el libro del Eclesiastés en el Antiguo Testamento:

En el mundo todo tiene su tiempo; hay un momento para todo cuanto ocurre:

Un momento para nacer,

y un momento para morir.

Un momento para plantar,

y un momento para arrancar lo plantado.

Un momento para llorar,

y un momento para reír.

Un momento para estar de luto,

y un momento para estar de fiesta.

Un momento para esparcir piedras,

y un momento para recogerlas.

Un momento para abrazarse,

y un momento para separarse. (Ec. 3,1-2, 4-6)

 

Pues bien, hoy hemos llagado a un momento de separarnos por algunas semanas. Pero cada uno de nosotros, llevará en sí mismo la huella de los momentos compartidos.

¡Hasta el próximo año!

 

No responses yet




Comments are closed at this time.