Un desastre representa una ruptura, un desequilibrio o desestabilización de las relaciones entre la sociedad y sus estructuras económicas, sociales y políticas con el medio social y natural del que forma parte y que da soporte a su existencia. El desastre es el punto culminante del riesgo.
Por ello, cada vez que ocurre un desastre debe recurrirse a situaciones de emergencia, de ayuda y defensa para proteger a los “vulnerables”. En cuanto al riesgo, su definición más sencilla hace referencia a la probabilidad de que a una población o segmento de la misma le ocurra algo nocivo o dañino. Para que exista un riesgo debe haber tanto una amenaza (elementos detonadores de orden natural, socio-natural,
antrópico y/o tecnológico) como una población vulnerable a sus impactos, siendo la vulnerabilidad la propensión a sufrir daños que exhibe un componente de la estructura social. El riesgo es, en consecuencia, una condición latente o potencial y su nivel o grado depende de la intensidad probable de la amenaza y de los niveles de vulnerabilidad existentes; este nivel siempre existe y no puede ser reducido a cero. Además, en la medida en que el grado de vulnerabilidad es una expresión del nivel de desequilibrio o desajuste entre la estructura social y el medio físico, construido y natural, no puede tener un valor absoluto; por el contrario su expresión es relativa.
En: DESASTRES Y SOCIEDAD Julio-Diciembre 1996 / No.7 / Año 4
Especial: Proyecto de Investigación-Acción: Comunidades Vulnerables en CentroAmérica
y Opciones de Prevención y Mitigación
CONSTRUYENDO EL RIESGO AMBIENTAL EN LA CIUDAD, Hilda Herzer y Raquel Gurevich

