Septiembre
NO HABLAMOS DE LAS CADENAS QUE CIRCULAN, HACIENDO CALCULOS Y PRESAGIOS, SINO DE HECHOS!!!!!
Septiembre Negro
Cuando ya el presidente Nasser había abandonado la lucha armada, el rey Hussein decidió poner fin también a la anomalía de un “Estado terrorista dentro de otro Estado” en su propio reino. Por entonces Al Fatah, desafiaba abiertamente su autoridad. La respuesta palestina fue cerrar filas en torno al grupo de Habash, emitiendo este comunicado: “Toda intención de atacar al Frente Popular se enfrentará con la respuesta unida de la Revolución palestina”. El secuestro de tres aviones el día 6 de septiembre de 1970, desembocaría en una de las mayores tragedias para el pueblo palestino: Septiembre Negro. Hussein ya no lo dudó más y lanzaba a sus soldados contra los palestinos. En esas ocho jornadas, los tanques del Ejército pulverizaron con sus cañones y cadenas los campamentos palestinos de Ammán, Irbyd y Mafraq. Según datos de U.N.W.R.A., resultaron muertos unos 10.000 palestinos y heridos no menos de 15.000. Al Fatah declaró que se habían contabilizado 20.000 bajas, más que el número total de árabes palestinos muertos durante el curso de todos los choques habidos con los judíos y con Israel desde principios de los años 20 en adelante. Incapaces de resistir en contraataque del Ejército del rey Hussein, los terroristas llamaron a Siria para que acudiese en su ayuda. En la tercera semana del mes de septiembre de 1970, las fuerzas sirias invadieron Jordania por la zona de Irbid. Parecía más que probable que tales fuerzas avanzasen hacia el Sur para derrocar al gobierno jordano e instalar un régimen formado por los terroristas y sus partidarios. Evidentemente, esto habría traído como consecuencia un control soviético sobre Jordania, liquidando toda influencia occidental. En consecuencia, tanto Israel como los Estados Unidos indicaron a Siria y a la Unión Soviética, que cualquier intento de ocupar Jordania acarrearía resultados gravísimos. Los blindados y carros de Israel se concentraron en la frontera siria, sin camuflajes de ninguna clase. Todas estas precauciones, en unión de unas eficaces operaciones llevadas a cabo por las Fuerzas Aéreas jordanas, dieron lugar a que se retirasen las tropas sirias. Muchos de los terroristas, conociendo el destino que les esperaba en manos de la Legión Árabe, prefirieron cruzar, desarmados, el río Jordán, y rendirse a los soldados de Israel.

La represión llevada a cabo por Hussein, fue un golpe terrible para los palestinos y no sólo por sus cuantiosas bajas. Los países árabes que lograron parar la masacre, desaprobaron los excesos cometidos por los palestinos en Jordania. De esta manera el rey Hussein pudo imponer este plan: salida de los guerrilleros de las ciudades y estacionamiento de éstos a lo largo del Jordán; desarme completo en los centros urbanos; Arafat sería, en adelante, el único representante legal reconocido de los palestinos. Ese fue el final de las guerrillas palestinas. Junto al río Jordán eran fácil presa para los comandos judíos; desarmados en las ciudades, estaban a merced de todas las arbitrariedades de la policía y el ejército jordano, que se cobraron cumplidamente las humillaciones anteriores. Buena parte de los palestinos, sobre todo los grupos armados, emigraron poco a poco a Líbano, desde donde reanudaron las hostilidades contra Israel. El rey Hussein había corrido un calculado riesgo que sin duda producía sus beneficios. A pesar de la terrible matanza que sus soldados habían causado entre la población palestina de la Ribera Oriental, acababa de reforzar enormemente su autoridad durante el Septiembre Negro, a la vez que se había granjeado el respeto tanto de sus súbditos como de otros países árabes.
1972 Alemania-
La denominada masacre de Múnich tuvo lugar en la ciudad de Múnich, en el estado de Baviera (Alemania) el 5 de septiembre de 1972, durante la XX edición de los Juegos Olímpicos de verano. Ese día un comando de terroristas palestinos denominado Septiembre Negro tomó como rehenes a once de los veinte integrantes del equipo olímpico de Israel. El ataque condujo finalmente a la muerte de los once atletas israelíes, de cinco de los ocho terroristas y de un oficial de la policía alemana. La tragedia sería vista en todo el mundo a través de la televisión. Tel Aviv. Diez días después. Zvi Zamir, jefe del servicio secreto israelí -el Mossad-, llega a la casa de un veterano agente. En pocos minutos están frente a Golda Meir y al ídolo del ejército de Israel, el general Sharon. “Acuérdese de este día. Lo que vamos a hacer puede cambiar el curso de la historia judía”, le dice la Primera Ministra. La misión de Avner será ejecutar a los once hombres que planificaron y organizaron la matanza de los atletas judíos. Si se le captura, Israel negará cualquier vinculación. Tampoco deberá regresar mientras no se le autorice. Eso sí, dispondrá de cuentas abiertas en Ginebra, París yAmsterdam por 250 mil dólares, que serán repuestos tras cada giro. Una exigencia es perentoria: “Deben ser precisos. No dejar víctimas inocentes. Nuestros enemigos deben pensar que están indefensos y que los podemos alcanzar cuando queramos”, se les advierte.
1982

La masacre de Sabra y Chatila fue una matanza de palestinos que tuvo lugar en dichos campos de refugiados, situados al oeste de Beirut, durante la Guerra del Líbano de 1982, a manos de la falange libanesa, en respuesta a la Masacre de Damour. Según la Comisión Kahan, las Fuerzas de Defensa de Israel apostadas en el Líbano fueron indirectamente responsables de los hechos por no evitar las matanzas. Esta masacre mereció la calificación de acto de genocidio por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas.
El 14 de septiembre de 1982 el líder maronita y mandatario electo libanés, Bashir Gemayel, fue asesinado, junto a cerca de cuarenta personas más, en la voladura con explosivos de la sede central en Beirut de las Fuerzas Libanesas, una milicia cristiano-falangista aliada de Israel. La acción terrorista se atribuyó al agente sirio Chartouni. Para preservar su estrategia en Líbano, en peligro por el atentado, dos divisiones del Tsahal, al mando del Ministro de Defensa Ariel Sharón, ocupan Beirut oeste al día siguiente, esta acción israelí violó su acuerdo con los Estados Unidos de no ocupar Beirut occidental. El 6 de junio de 1982, el ejército israelí invadió al Líbano como represalia por el intento de asesinato del embajador de Israel en Londres, Shlomo Argov, dos días antes. Por entonces, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se encontraba en Beirut, la capital libanesa. Su sede fue rodeada por las tropas israelíes y se presagiaba una masacre. El enviado especial de Estados Unidos, Philip Habib, intercedió para la negociación de un alto el fuego y la humillante evacuación de la OLP el 1 de septiembre. Hasta ese momento, según las estadísticas libanesas, la ofensiva israelí causó en solo dos meses, 18.000 muertos y 30.000 heridos, en su mayoría civiles.

Parecía que todo había acabado ya. Pero el 11 de septiembre, Ariel Sharon, entonces ministro de Defensa y arquitecto de la invasión, dijo que todavía había “dos mil terroristas” en unos campos de refugiados palestinos en las afueras de Beirut. Fue la señal.
El 15 de septiembre, el ejército israelí ocupó Beirut Occidental y cercó y selló los campos de refugiados de Sabra y Chatila, donde vivían más de 14.000 civiles palestinos y libaneses. Los soldados y tanques israelíes rodearon los campos e instalaron puestos de control en puntos estratégicos con el fin de inspeccionar todas las entradas y salidas de los campos. Sharon mismo dirigió personalmente la operación desde un puesto de mando situado en las proximidades del campo de Chatila. Desde el tejado del edificio se podían observar claramente los campos de Sabra y Chatila.
En la mañana del 16 de septiembre, desde varios puntos elevados que rodean los campos, donde estaban apostados los soldados israelíes, se abrió fuego sobre los campos. Al mediodía, los mandos militares israelíes dieron luz verde a una unidad de unos 150 milicianos falangistas para que entraran en los campos. En ese momento, el general Drori telefoneó a Sharon y le dijo: “Nuestros amigos ya están entrando en los campos. Hemos coordinado su entrada”. A lo que Sharon respondió:”،Enhorabuena! La operación de nuestros amigos está aprobada” .
En las 40 horas siguientes, los falangistas violaron, asesinaron e hirieron a miles de civiles desarmados, en su mayoría niños, mujeres y ancianos. La cifra oficial de muertos ofrecida por las autoridades israelíes fue de 700, pero según Kapeliouk, un acreditado periodista israelí que realizó su propia investigación hubo en torno a 3.500 personas asesinadas. La cifra exacta nunca se ha podido determinar, porque, además de las mil personas que aproximadamente fueron enterradas en fosas comunes por el Comité Internacional de la Cruz Roja o por los propios familiares en cementerios de Beirut, gran número de cadáveres fueron sepultados bajo los edificios derruidos por las excavadoras de los falangistas. Por otro lado, centenares de personas fueron introducidas vivas en camiones con destino desconocido. Son los/as desaparecidos/as. Nunca más se supo de ellos.
El ejército israelí y el propio Sharon tuvieron pleno conocimiento de lo que pasaba en los campos durante esos tres días, hasta la mañana del 18 de septiembre. Los mandos militares israelíes estuvieron en constante contacto con los líderes de la milicia ultraderechista libanesa que dirigieron la masacre. El ejército israelí bloqueó todas las entradas y salidas de los campamentos, impidiendo que huyeran los refugiados, y lanzó bengalas desde helicópteros y morteros para que las matanzas prosiguieran durante la noche.
Las víctimas y los supervivientes nunca han sido considerados merecedores de una investigación formal en Líbano, Israel o en cualquier otra parte. Después de que unos 400.000 israelíes se manifestaran en las calles en señal de protesta, el Knesset –parlamento israelí—nombró una comisión de por Isaac Kahan. A pesar de las limitadas competencias de la comisión, esta concluyo que Ariel Sharon, fue “personalmente responsable” de la masacre. Aquí paz y después gloria.
A pesar de que el mismo Consejo de Seguridad de la ONU calificó los hechos como “masacre criminal”, de que la Asamblea General de la ONU los calificó como “acto de genocidio”, del veredicto informal de la Comisión Kahan y de otras comisiones no oficiales de la Comunidad Europea, a pesar del gran parecido de la masacre de Sabra y Chatila con los pogromos antijudíos y con las matanzas de judíos perpetradas por los nazis…, a pesar de todo esto, ha prevalecido la ignominiosa doble moral.
2001
Sharon gana las elecciones israelíes y se convierte en el nuevo primer ministro. Para el traspaso de poder, Barak retira todas sus propuestas. Sharon niega a la ONU cooperación para una investigación. Israel bombardea posiciones palestinas. Arafat dice que la Intifada continuará hasta que Jerusalén sea la capital palestina. Intentos de negociación fracasados por distintos conflictos violentos entre las partes. Israel toma la Casa de Oriente, emblema palestino. Enfrentamientos violentos y diplomáticos entre árabes e israelíes. La ONU pide el despliegue de observadores internacionales. El líder palestino intenta un diálogo con Israel. Apoyo de Estados Unidos y Gran Bretaña a la creación de un eLa construcción del muro israelí en Palestina.
11 de septiembre- Torres gemelas
impactos sociales y ambientales hoy
Como cualquier ocupación militar, la realizada durante más de cincuenta años por el ejército israelí en Palestina ha supuesto una cadena ininterrumpida y constante de ataques contra los derechos humanos fundamentales. Uno de los últimos y más graves ha sido el diseño y construcción, desde el verano de 2002, de un muro que pretende separar no solamente los territorios palestinos ocupados, sino a los propios palestinos entre sí. La primera fase del levantamiento de esta construcción ha causado importantes impactos en la vida cotidiana de los palestinos y en su medio ambiente. En este último ámbito, vital para la economía de las poblaciones palestinas cisjordanas -muy ligadas a la agricultura- la información que nos llega a través de los medios de comunicación rara vez pasa más allá de un simple comentario anecdótico. Pese a ser una zona muy antropizada desde tiempos inmemoriales, Palestina dispone aún de interesantes espacios naturales de gran valor ecológico y de zonas donde la actividad humana se ha desarrollado en armonía con el medio. Estas zonas, protegidas en muchos casos por los propios palestinos, sufren no pocos ataques por parte de las autoridades del estado Israel. Tal es el caso, por ejemplo, de Wadi Al-Majrur, en el distrito de Belén, una bella zona de campos de cultivo y bosques en los que afloran numerosos manantiales. Las autoridades israelíes han confiscado tierras en esta región para construir asentamientos ilegales; estas zonas y sus correspondientes vías de comunicación han causado un impacto muy negativo en estos valiosos parajes y en la capacidad palestina de gestión de sus propios recursos naturales. Otro tanto ocurre en Qenya, cerca de Ramallah, un lugar muy rico en fuentes donde perviven olivos plantados en época romana y abundan las gacelas. Aquí, los asentamientos ilegales han provocado un alarmante descenso del nivel freático. Las escasas zonas boscosas palestinas tampoco se libran de agresiones: en la región de Umm as-Safa (donde anida el Águila pomerana) el ejército israelí realiza entrenamientos militares y el bosque de Umm ar-Rihan, cerca de Yenín, ve disminuir su extensión debido a los asentamientos ilegales.
Saque sus propias conclusiones….

